Historia del vino de Rioja

Tal y como afirmó M. Wiesenthal en su introducción a Los Vinos de España (Castell, Barcelona, 1987) “Todos los pueblos que han creado una cultura han cultivado el vino”.

Y es que el vino más allá de la simple satisfacción de una necesidad fisiológica, supone toda una cultura. Si es cierto que el hombre ha convertido la pura necesidad de comer y de beber en fuente de placer para los sentidos y para la inteligencia, es el vino el que soporta una mayor carga cultural, carismática y ritual, siendo fuente de placer para los sentidos y para la inteligencia, y el que soporta una mayor carga cultural, carismática y ritual.

Al igual que ocurre en muchas de las regiones vinícolas más conocidas, fueron los romanos a los que se debe el que la bebida alcohólica más anciana de la humanidad se haya expandido. Ellos se encargaron del cultivo de viñedos en todos los lugares que iban ocupando en su vasto imperio, ya que formaba parte esencial de su cultura. Y aunque la suerte fue dispar, muchas de las regiones cultivadas continuaron esa tradición, como en el caso de Francia o España. De aquella época nos quedan restos de cerámica que dan testimonio de este hecho.

Roma nos trajo el árbol ya impreso en la columna,
los dispersos instintos sujetos al Derecho
y sometida el agua salvaje al acueducto
y el grito al alfabeto.
Nos diste la medida, el número, la forma;
el verso, que es la espuma del aullido en la caza,
y rosa de pudores nos desnudaste a Venus
entre las pieles ásperas.
Trajiste la comedia, la noble agricultura,
el arado y la estatua, la oratoria y el vino;
nos diste emperadores y en germen nos trajiste
oculto a Jesucristo,

Agustín de Foxá, Iberia romana

Por aquella época, el vino se destinaba particularmente al consumo local y también para la misa. A partir de ese hecho, el vino se convirtió en algo de especial cuidado para los monjes y para los monarcas devotos a la iglesia. Fueron ellos, precisamente, los principales difusores de la cultura vitivinícola y los artífices de que la calidad de los vinos se fuese refinando cada vez más.

El documento conservado más antiguo que hace referencia a la existencia de vid en La Rioja, data de 873 . Procede del Cartulario de San Millán y trata una donación en la que aparece el Monasterio de San Andrés de Trepeana (Treviana) .

Se sabe de la existencia de diecinueve viñedos en Nájera, propiedad del Monasterio de San Millán, desde el año 1024, siendo uno de ellos destinado a producir el vino de oblaciónpara misa.

En el Monasterio de Suso de San Millán de la Cogolla, cuna del Castellano, un monje nacido en el pueblo de Berceo (1198) escribió los primeros versos conocidos en lengua romance. En su obra “Los Milagros de Nuestra Señora”, del siglo XIII, Gonzalo de Berceo hacía referencia al vino en estos versos:

“quiero fer una prosa en román paladino,
en cual suele el pueblo fablar con su vezino,
ca non so tan letrado por fer otro latino
bien valdrá., como creo, un vaso de bon vino”

En 1102 el rey Sancho I de Navarra reconocía jurídicamente los vinos riojanos y otorgaba a los concejos la potestad de regular su producción y comercio.

En la sociedad medieval, desde el siglo X hasta el siglo XV, el vino, junto con el cereal jugó un papel importante en los intercambios, ya que se consideraban moneda de cambio.

En 1790, Carlos III autorizó la Real Sociedad Económica de Cosecheros de La Rioja Castellana, como ampliación de la Junta General de Cosecheros de Vino de Logroño, constituida por 52 localidades riojanas y que celebró su primera asamblea en Fuenmayor. Debido a la abundante producción, allí se plantearon iniciativas como construir y mejorar los caminos y accesos para dar mayor salida al vino, sobre todo a través de los puertos del Cantábrico.

A finales del siglo XIX los viñedos franceses fueron atacados fuertemente por una plaga, el insecto llamado filoxera, por lo que se vieron obligados a salir en busca de vinos para atender la demanda de sus mercados y consideraron que la Rioja era la mejor región para ello.

Como esta plaga tardo en ser controlada, algunos de los comerciantes se instalaron en la región produciendo vinos con sus técnicas, mediante la uva que compraban a los cosecheros riojanos, lo que impulsó la expansión y modernización de la industria de vino de Rioja, tanto por la apertura del mercado francés, como por el conocimiento de nuevas técnicas de elaboración y envejecimiento, el “método bordelés, para elaborar un nuevo tipo de vinos, los vinos finos.

Las principales bodegas de Rioja se crearon siguiendo las técnicas francesas y se ubicaron sobre todo en el corredor del Ebro entre Haro y Logroño, por la proximidad a las estaciones del ferrocarril como nuevo medio de transporte.

En 1902 se promulgó una Real Orden que definía el “origen” para su aplicación a los vinos de Rioja.

En 1925 se aprobó un sello de garantía, con carácter de marca colectiva, para los vinos de Rioja y se autorizó la delimitación de la zona vinícola.

En 1926, a través de un Real Decreto firmado por Alfonso XIII , se crea el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja, la más antigua de España, que en el año 1991 adquiere la máxima categoría de “Calificada” la primera en nuestro país.

En nuestros días, es la denominación de España más reconocida a nivel mundial.